Adoración

Siempre sugerimos concluir un retiro, prédica o concierto con la Adoración Eucarística, puesto que:

 
“Nadie come de esta Carne sin antes adorarla… pecaríamos si no la adoráramos”
(San Agustín. Enarrationes in Psalmos 98,9 CCL XXXIX 1385).

 

O enseña el Papa Benedicto XVI: “En la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia” (Sacramentum Caritatis, No 66).

Y nos recuerda en otro momento: “Sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros” (Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22 de Diciembre de 2005).